Sunday, July 16, 2006


Hasta ahora, y por lo general, los análisis que se realizan en torno a los temas de crecimiento y desarrollo son abordados desde una perspectiva económica y de elites. Así, por un lado, se analizan datos macro y micro económicos; y por el otro, desde los acuerdos estratégicos político-gubernamental-empresarial los cuales buscan principalmente el soporte necesario para mantener el statu-quo. Sin embargo, donde poco se ha profundizado es en relación con los aspectos sociales y de conciencia política; los cuales entre 1973 y 1989 a Chile no se le permitió desarrollar, y desde 1990 ha estado abordándolos superficialmente o no los ha abordado derechamente con sentido país. Por este motivo, el anuncio de una ‘nueva’ agenda pro-crecimiento la cual ahora consideraría el concepto de ‘diálogo social’ para alcanzar un ‘desarrollo con equidad’, adquiere una preponderancia inusitada para el gobierno de la Presidenta Michelle Bachellet.

En defensa de Chile, más allá de sus resultados y aún notando que fueron antagónicos entre sí, es factible reconocer claramente tres intentos para desarrollar una idea de conciencia social. Entre 1958 y 1964 ‘La Revolución Administrativa ' [The Revolution of Managers] ; entre 1964 y 1970 ‘La Revolución en Libertad [The Revolution in Liberty], y entre 1970 y 1973 ‘La Ruta al Socialismo’ [The Road to Socialism]. Parafraseando a los escritores Martines y Díaz, aquellos procesos fueron vistos como posibles desde que existió una general ilusión de que cualquier tipo de cambio era posible en Chile a través de un legal, pacífico y racional entendimiento. Sin embargo, desde entonces, en el sentido y amplitud de aquellas revoluciones [aún considerando el intento tibio durante la gestión del ex - Presidente Ricardo Lagos], no se ha experimentado otro verdadero intento por desarrollar un giro profundo [u-turn] que modifique y corrija la actual fractura social que ha generado dos Chile, o lo que se conoce como ‘one nation two countries’.

Nueva Zelanda, en este sentido, es un excelente ejemplo. País insular sobre el cual esta demás decir que regularmente se hace mención en la agenda nacional chilena. Con una diferencia de 10 años, Chile en 1974 y Nueva Zelanda en 1984, ambos países aplicaron reformas económicas neoliberales de carácter estructural y de estabilización. Sin embargo, los años previos a los 74 y 84 respectivamente marcaron una gran diferencia entre ellos, especialmente en la forma en que imaginaron el futuro y la senda del desarrollo y crecimiento durante el siglo XX. Mientras Nueva Zelanda implementó un sistema de ‘pragmatismo político’, el cual aún se mantiene , Chile chocó hasta 1973 tozudamente con la idea de imponer un tipo de conducción cargada de un inoperante ‘idealismo político’. Luego vendrían 17 años de oscurantismo social, cultural y filosófico. Y desde 1990 nuevamente el statu-quo pactado.

Orgullosa, entonces, Nueva Zelanda para fines de 1920 ya había desarrollado los pilares de lo que ellos llaman ‘Igualitarismo Social’ [Social Egalitarianism]; el cual estableció sólidas bases para el establecimiento de un claro y organizado ‘Estado Social Consensuado’ [Consensual State of Society]. Éste consideró entre otras premisas el oponerse y erradicar las clases políticas, ver a toda la sociedad como una importante fuerza e introdujo la idea de no otorgar especiales privilegios a ningún segmento específico. El tema social e ideológico se apoderaba así de la agenda de ‘Nueva Zelanda’. Como resultado para fines de 1930 el monopolio del dominio de las tierras fue condenado, el sistema de clases y la división social rechazada y la eliminación de las barreras que inhibían la movilidad social atacadas. Así, fines de 1940 mientras Nueva Zelanda había desarrollado un sólido ‘Estado de Bienestar’ [Welfare State], Chile planteaba un ‘Estado de Compromiso’ [Compromise State]. Este último, de acuerdo a Montecinos, fue caracterizado por una pragmática negociación entre el estado y las elites económicas y partidarias, lo cual entonces –y como ahora- favoreció a las últimas. Las diferencias entre ambos conceptos no son menores. Mientras los pilares que sustentaron el Estado de Bienestar neocelandés permitieron ofrecer educación, universalismo, igualitarismo, prosperidad consensuada, distribución del ingreso, pleno empleo, compromiso social, consenso político, eliminación de fallas de mercado y autonomía económica , el Estado de Compromiso chileno se vio limitado a abordar sólo alguno de ellos: educación, eliminación de fallas de mercado y autonomía económica.

Para 2006 las bases desarrolladas a comienzo del siglo XX [lo que hoy sería equivalente a una pactada Agenda Pro-crecimiento] han permitido a Nueva Zelanda, primero como una colonia Británica auto-gobernada desde 1853 a 1907 y luego desde 1907 como un independiente territorio dentro de la Commonwealth of Nations, cumplir 153 años de ininterrumpido proceso de elecciones parlamentarias. Al mismo tiempo, y aunque ha experimentado un leve retroceso en esta variable, le ha permitido resolver y enfrentar sin complejo alguno el tema de la equidad y distribución de los excedentes. Por esta razón, de acuerdo al Reporte de Desarrollo Humano dependiente del PNUD [http://hdr.undp.org/], mientras Chile muestra un índice GINI 0.57, New Zealand expone un índice de 0.36 [donde 0 es perfecta igualdad y 1 perfecta inequidad, y considerando que Namibia con un 0.70 expone la peor desigualdad y Suecia con un 0.25 la mejor equidad].

Paralelamente, mientras Chile alcanzó los 10 mil ochocientos setenta y cuatro dólares p er cápita [PPP] Nueva Zelanda llegó a los 23 mil cuatrocientos trece. Sin embargo, una proyección linear simple demuestra que a este ritmo o con estos tipos de agendas pro-crecimiento Chile necesitará 25 años o 6.25 nuevas agendas [considerando una agenda por período presidencial] para alcanzar el actual DGP/PPP neocelandés. No obstante para entonces Nueva Zelanda debería haber alcanzando los 38 mil GDP/PPP.

Por esta razón, lo que la ‘nueva’ agenda pro-crecimiento debe contemplar es dar un paso al frente cambiando la idea de Crecimiento con Igualdad al de Desarrollo con Dignidad, lo cual principalmente , pero no excluyentemente , es trabajo de las elites política y económica de la Derecha Chilena.