Wednesday, October 26, 2005


La Paradoja de la Competitividad Chilena
Rodrigo Álvarez Valdés (*)
[This article-opinion was published in La Segunda-online newspaper on 02/09/05]

El próximo 28 de Septiembre, cuando se distribuya mundialmente el último Reporte de Competitividad Global del World Economic Forum [WEF], habrán pasado casi dos meses desde que Michael Porter [considerado uno de los ‘gurus’ en este tema] haya visitado nuestro país.

El nuevo informe 2003/04 es aún más alentador que la versión 2002/03 ya que sitúa a nuestro país en el lugar 22 de competitividad mundial. Es decir, seis puestos más competitivos que el último año y en mejor posición que en 2002 cuando –en la versión corregida- fuimos ubicados en la posición 24.

Sin duda que habrá que esperar la publicación oficial del WEF sobre competitividad global para hacer un análisis más exhaustivo de las variables en las cuales aún somos deficientes.

Sin embargo, y luego de la visita del Dr. Porter mi primera reflexión es que claramente estamos frente a lo que llamo ‘The Chilean Competitiveness Paradox’. Mientras Porter, uno de los más importantes hombres del WEF, nos emplazó a reflexionar acerca de nuestras preocupantes deficiencias, semanas después la institución que él representa nos ubicará cerca -muy cerca- de los ‘top’ 20 en el mundo. Es decir, estaríamos –en competitividad- entre los grandes como Japón, Inglaterra, Singapur, Alemania, Canadá, Australia y Nueva Zelanda entre otros.

El profesor Porter –de acuerdo a los análisis hechos por columnistas nacionales- habría ‘tirado las orejas’ al ejemplar y mundialmente ejemplarizador modelo chileno. Chile –según Porter- estaría pecando de exceso de autocomplacencia y literalmente se habría dormido en los laureles al desaprovechar una nueva oportunidad [durante la década de los 90’s] de moverse en propiedad desde la producción basada en ventajas comparativas a una basada en ventajas competitivas.

La clave –entonces- se traduce en como resolver la ‘paradoja de la competitividad Chilena’. Desde mi perspectiva lo que Chile debería hacer es tratar de interpretar lo dicho -y lo no dicho- por Porter, de la misma forma deberíamos leer entre líneas lo explicado por el Reporte de Competitividad del Foro Económico Mundial [WEF] 2003/04 y por que no decirlo estudiar e interpretar los muchos trabajos y estudios realizados por profesionales de CEPAL [que dicho sea de paso ya desde 2001/02 vienen sosteniendo varias de las ideas que el Dr. Porter explicó]

Así, por ejemplo, Chile debería promover la ‘modernización ideológica del sector empresarial chileno’ [no un ‘cambio’ sino que un ‘ajuste o actualización’]. Mientras el Estado [durante los 90’s] se globalizó tecnológica e ideológicamente, no ocurrió lo mismo con nuestro sector empresarial, el cual sólo hizo lo propio en el área de la tecnología. Por eso no es factible entender linealmente la modernización y el desarrollo de los ‘clusters’ recomendada por Porter. Esta incluye una modernización ideológica del sector empresarial también.

Segundo cuando el Reporte de Competitividad Global y el Dr. Porter dan a entender que nos hemos quedado en los laureles [en el sentido que aún somos altamente dependientes de la producción de recursos naturales o derivados de ellos] en realidad el tema que se nos plantea es que debemos desarrollar una verdadera y amplia estrategia país que intente movernos desde una nación ‘non-core innovators’ a una con características de ‘core-innovators’. Mi consideración en este punto es que debemos entender que existe una gran diferencia entre ‘agenda’ y ‘estrategia’. Mas que una ‘Agenda’ [pro-crecimiento] lo que necesitamos es una ‘Estrategia pro-Tecnología’ desde que hoy por hoy es el progreso tecnológico el que determina el crecimiento económico.

Sin embargo, el punto no es el desarrollo de una ‘Estrategia’ per se sino que entender que ella implica un trabajo mancomunado [a diferencia de una ‘Agenda’] desde que en esta las partes deben trabajar en función del todo y el todo en función de las partes. Es en definitiva una sociedad moviéndose en una misma dirección y no solamente algunas partes o sectores de ella [como así lo permite un proyecto basado en una ‘agenda’].

Los puntos anteriores me permiten desarrollar la última idea. Chile debería considerar –además- el fin de la división artificial entre el desarrollo de políticas publicas y el rol estratégico que debería [como abiertamente ocurrió en muchos casos que precedieron el milagro económico y cierre de la brecha tecnológica de los países asiáticos] tener el Estado y algunas Instituciones. En otras palabras ahora mas que nunca se hace necesario desarrollar lo que los países que están en la frontera de la tecnología llaman ‘Instituciones Intermediarias’. Estas tienen la crucial función de conectar intereses y ‘knowledge’ entre el sector publico y privado, y entre ellos y el mercado global.

Quizás así podamos resolver nuestra ‘paradoja de competitividad’.

(*)
Master of Arts en Estudios Internacionales - Instituto de Estudios Internacionales - Universidad de Chile, Chile.


¿Chile en el camino de Desarrollo Profundo?
Rodrigo Álvarez Valdés (*)

[This article-opinion was published in La Segunda-online on 29/03/05]

De tiempo en tiempo creemos y nos hacen creer que las condiciones necesarias para dar el salto final hacia un nuevo estado m á s avanzado de desarrollo se han cumplido. Así, lo nuestro se ha transformado en un verdadero y permanente karma [sufrimiento]. Hasta ahora han sido muchos los períodos en los cuales editorialistas, autoridades y empresarios han sostenido que el escenario en el cual el país se encuentra cumple con los elementos para alcanzar el ‘Desarrollo’, así resolviendo problemas endémicos desde la configuración de la república. Hoy, ya sea por una cuestión política [las próximas elecciones presidenciales] o ya sea por un indesmentible repunte económico [Chile creció un 6,1% en 2004] es que al parecer estamos en uno de estos ‘ciclos’.

Por ejemplo, podríamos recordar que hace no mucho tiempo se sostuvo que la ‘aspira ción’ de Chile era llegar a la celebración de su bicentenario [2010] como un país perteneciente al grupo selecto de naciones desarrolladas. Sin embargo, los libros acerca de política, desarrollo y relaciones sociales y los que analizan aspectos económicos est án colmados de estos ‘expectantes’ estados/momentos de dulce realidad para pocos, pero de amarga y permanente ilusión para la mayoría de la sociedad chilena.

De esta forma la idea reduccionista de ‘Desarrollo’ ha logrado un consenso general: s ó lo se lograr á alcanzar el estado de ‘Desarrollo’ si hay ‘Crecimiento económico’. Sin embargo, esta aseveración/conclusión poco o nada agrega al debate que deberíamos sostener hoy en Chile. Por el contrario, precisamente por este estado expectante, nuestro país necesita dar un paso y mover toda su capacidad creativa y emprendedora desde el concepto de ‘Desarrollo Simple’, que est á limitado al manejo macroeconómico, al de ‘Desarrollo Profundo’ el cual contempla variables m á s diversas.

Para dar un verdadero sentido a la ecuación ‘Crecimiento’ igual ‘Desarrollo’ existen variables que deberían ser contempladas y que aún no logramos sumar. Ya sea por desconocimiento o por la falta de interés/beneficio no las hemos incorporado. De esta forma, la ecuación debería en su expresión más simple contemplar variables tales como: Consenso social + Políticas P ú blicas de Micro-fundamentos. Sin duda, la variable ‘consenso social’ no ha sido contemplada por un desinterés/beneficio, mientras que la variable ‘Políticas Publicas de Micro-fundamentos’ por desconocimiento.

Así, el desaf ío que implica alcanzar el ‘Desarrollo’ no es susceptible de sostenerlo con declaraciones y, menos aún, por la idea simplista de que las condiciones internas e internacionales son suficientes para sostener el mismo. Para avanzar hacia un verdadero nuevo ‘stage’ [estado] sobre qué es y cómo se alcanza el ‘Desarrollo profundo’ es necesario saber que este concepto implica mucho mas que ‘distribución equitativa’, ‘equilibrio fiscal’ y credibilidad [interna e internacional] Quizás así logremos romper el mito sobre la teoría de la dependencia que sostiene que las naciones periféricas nunca podrán alcanzar el ‘Estado de Desarrollo’. Porque ya es tiempo de entender que las naciones a siáticas que lograron romper este mito, lo hicieron en realidad gracias a una transformación del concepto de ‘Desarrollo Simple’ por uno de ‘Desarrollo Profundo’.

(*)
Doctorando en el Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Auckland, New Zealand.
Master of Arts en Economía Política Internacional Universidad de Tsukuba, Japón.
Master of Arts en Estudios Internacionales - Instituto de Estudios Internacionales - Universidad de Chile, Chile.


Chile en el eterno LIMBO de la Competitividad
Rodrigo Álvarez Valdés (*)

El último informe de competitividad dado a conocer por el World Economic Forum da a Chile un expectante lugar 22. Pero, y a pesar de esta ubicación, del informe es posible desprender que el país sigue anclado en el LIMBO de la Competitividad. Al mismo tiempo, queda claro que el país tiene mucho que hacer si pretende –seriamente- dar el último paso hacia el grupo de los países desarrollados.

Los informes y datos son para interpretarlos fríamente y desde esa perspectiva los resultados de este trabajo [a lo menos] invitan a cuestionarse el futuro de Chile en el mediano y largo plazo.
Los datos confirman una tendencia que el país viene demostrando desde hace tiempo. Los datos macroeconómicos presentan una seriedad y solvencia única superando, en ocasiones, a países desarrollados y entregando un claro ejemplo de competitvidad, quizás, deseado por otras naciones. Pero el crecimiento y desarrollo económico basado en ‘ventajas competitivas’ es un concepto complejo de llevar a la práctica y va mas allá del manejo de variables macroeconómicas.
El informe de Competitividad, es claro al destacar cual es el actual paradigma de crecimiento. Éste es reducido al uso y desarrollo tecnológico. Así, en pagina 4, el documento propone un cambio radical. Ya la pregunta a contestar y resolver no es cuáles son los determinantes del crecimiento del GDP; si no cuáles son los determinantes de la tasa del Progreso Tecnológico.

No se detiene ahí, y profundiza dividiendo a los países entre ‘core-innovators’, para los cuales el crecimiento es largamente guiado por su capacidad de innovar y están en la frontera de la tecnología. Y los países ‘non-inovators’, los que, a diferencia de los anteriores, dependen de la adopción tecnológica desde el exterior.

Cuando se toma en cuenta este concepto –apuntado por el estudio como el crucial del crecimiento y desarrollo moderno- entonces la competitividad de Chile sufre un dramático retroceso, y ya no se encuentra cerca de Israel (10), Irlanda (19), New Zealand (24) o España (25). Por el contrario, cuando se habla de la variable ‘Capacidad para Innovar” Chile obtiene un preocupante lugar 60, a mas de 34 lugares de aquellos países.

La lápida a nuestra real competitividad es dada en pagina 530. En esta se establece que Chile se ubica en el lugar 74 con relación a la ‘naturaleza de su ventaja competitiva’. Es decir, Chile produce y exporta principalmente productos de bajo valor agregado o considerados recursos naturales. Entonces, el país se sitúa lejos, muy lejos de naciones como Israel (8), Irlanda (20), España (27) o New Zealand (29).

Para los que saben sobre el tema, además, este punto debería abrir dos interrogantes. La primera es que países como Irlanda, Israel, España y New Zealand, han conducido de manera distinta la implementación y ‘timing’ del modelo de apertura. Estas naciones, al parecer, han moviendo real y efectivamente la producción local desde una producción basada desde ‘ventajas comparativas’ a ‘ventajas competitivas’. Y segundo, extraña comprobar que el World Economic Forum fusionara en un solo sub-índice [Nature of Competitive Advantage] dos conceptos tan importantes. Por un lado ‘ventaja comparativa’ [low cost or local natural resources] con el de ‘ventaja competitiva’ [unique products and processes] por el otro.

Finalmente, el trabajo agrega una nueva área sobre la cual existe una debilidad de carácter estructural mas que de diseño. La nueva luz de alerta apunta hacia las empresas y sobre sus cadenas de productivas. Por ejemplo, e inversamente proporcional a nuestra supuesta alta competitividad, nuestras empresas que venden internacionalmente tienen un pobre desarrollo de marcas internacionales y organización de ventas. Chile entonces tiene un ranking de 63 y cerca a él esta El Salvador, Trinidad y Tobago y Republica Dominicana. Pero muy distante de Irlanda (16), Israel (18), España (19) y New Zealand (26). El problema se agudiza cuando se analiza el resultado en la variable ‘Estado de Desarrollo de Clusters’ [pagina 524]. Chile ahora se ubica en el lugar 65 rodeado por Costa Rica, Tunisia, Namibia y Gambia. Mientras Irlanda se sitúa 7, Israel 26, España 35 y New Zealand 44. Y en la variable sobre la ‘Extensión de la colaboración entre Clusters’ Chile (57) esta por debajo de la media con una menos que moderada colaboración entre clusters. Irlanda es 12, Israel 23, New Zealand 28 y España 38.

Sin duda, estos datos y la comparación de ellos mas que alentar celebraciones anticipadas deberían hacer iniciar un estudio profundo y serio sobre como cerrar la brecha entre un país en desarrollo y el grupo de países desarrollados.

(*)
Doctorando en el Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Auckland, New Zealand.
Master of Arts en Economía Política Internacional Universidad de Tsukuba, Japón.
Master of Arts en Estudios Internacionales (c) - Instituto de Estudios Internacionales - Universidad de Chile, Chile.


El inevitable ‘ajuste’ del modelo económico chileno

[This article-opinion was published in newspaper La Segunda-online on 25/10/05]

Hemos sido testigos, en los últimos días, de un extraño proceso. Al parecer, y aún desconociendo sus reales objetivos y alcances, algunos personeros y representantes de la ‘elite’ política y económica chilena se han lanzado a reflexionar sobre lo que ellos han llamando el trabajo pendiente de un ‘ajuste del modelo’. Así lo han dejado ver, por ejemplo, el Presidente Ricardo Lagos, el empresario Felipe Lamarca, políticos de distintas tendencias y los candidatos a la presidencia.

Si bien el debate aún esta en una etapa primaria al centrarse en los problemas y soluciones de corto plazo, también es innegable no reconocer su importancia desde que puede ser el inicio para –conscientemente- mover el tema desde una esfera política transitoria a una esfera nacional de largo plazo.

Primero no quisiera iniciar este artículo sin reflexionar sobre la novedad de la discusión. Este es un debate que si bien pudiera ser considerado nuevo [o así pretenderlo] para nuestras ‘elites’, es el mismo que ha mantenido a la región latinoamericana en un estado de ‘efervescencia’ desde comienzo del siglo XXI. En esta perspectiva estamos atrasados cinco años en el debate de esta discusión. En efecto, los movimientos sociales, las crisis políticas y económicas y los cambios de corrientes ideológicas experimentados en Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, Venezuela y Ecuador, denotan –claro que con un nivel de participación y movimiento social distinto al nuestro- que el modelo necesitaba y necesita de un ajuste.
Desde esta realidad no deja de extrañar la etiqueta de novedoso que se le quiere otorgar al debate. Sobre todo cuando ya en 2000 John Williamson –considerado el padre del llamado Consenso de Washington, el cual fue la base ideológica para el proceso de reordenamiento de las economías latinoamericanas durante la década de los 90’s- sostuvo que su set de reformas económicas había sido mal interpretadas al ser éstas vistas como sinónimo de ‘market fundamentalism’ versus ‘minimalist State’. Williamson sostuvo, entonces, que jamás el ‘Consenso de Washington’ promovió que la solución de los problemas sociales era tener la creencia de la superioridad universal del mercado. Del mismo modo extraña el que esta misma ‘elite’ -política y económica- que se codea con los trabajos de intelectuales provenientes de la Cepal desconociera, hasta hoy, que ellos han desarrollado decenas de trabajos y estudios que tienen en este punto [la necesidad de un ajuste al modelo económico en Chile] lo medular en sus análisis.

Resuelta ya la contemporaneidad del tema se hace posible avanzar hacia el fondo. Sin embargo, el fondo requiere una explicación y razonamiento más teórico que práctico el cual no afecta –y nunca ha afectado- la esencia del modelo neo-liberal, pero si permite su ajuste sin producir una sobre reacción de las ‘elites’.

En efecto el modelo neo-liberal promovido en Chile siempre ha contemplado una tercera etapa; la cual –y aún habiendo estado en inmejorable posición desde 1990- el país no ha sabido, no ha podido o simplemente no ha deseado moverse a ella.

Concordaremos que la primera etapa [con políticas de corto plazo] fue un proceso de estabilización económica la cual promovió ortodoxas políticas: fiscal y monetaria. La segunda etapa contempló políticas de mediano plazo para alcanzar un amplio y sólido ajuste estructural: liberalización, privatizaciones y desregulación. Estas dos etapas, dependiendo con el prisma que se les analice, se han cumplido. Es lo que llamamos –en el contexto internacional- nuestra carta de presentación desde que nos permite sostener y promover la idea de que -macro y micro económicamente- somos un país del primer mundo. La confirmación de ello fue el último informe del World Economic Forum donde fuimos ubicados en el lugar 22. Ubicación alcanzada, principalmente, por la solvencia de estas dos áreas.

Sin embargo, el actual debate nos exige un análisis sobre la etapa incumplida. La tercera etapa, así, contempla políticas de largo-plazo las cuales se sustentan en lo que se denomina ‘Micro-Foundations Public Policies’. En esencia esta etapa contempla el desarrollo armónico y consensuado de Políticas Publicas que permitirían movernos efectivamente desde un país que crece sobre la base de ‘ventajas comparativas’ a uno que lo hacen sobre la base de ‘ventajas competitivas’, característica –esta última- común en los países desarrollados.

Esta etapa pendiente es crítica y conflictiva para un país como el nuestro, el cual no se ha planteado durante los últimos 27 años reflexión alguna que involucre cambiar o ajustar un ápice su modelo de crecimiento. En esencia lo que deberíamos iniciar es una discusión con carácter multi-sectorial sobre cómo dejar de ser lo que se define un ‘Estado Rentista’ –habiendo claramente cumplido esa etapa en los comienzos de los 90’s- y estudiar de que forma intentamos promover lo que se define como un ‘Estado Desarrollista’, una de las bases del milagro económico de los países asiáticos. Así fue para Japón en la década de los 70’s, en los casos de Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong-Kong en los 80’s y para China en los 90’s. Otros ejemplos más contemporáneos, menos asiáticos y más cercanos a nuestra cultura son las experiencias de Australia y New Zealand. Ellos durante los 90’s sin tener el concepto del ‘Estado Desarrollista’ asiático puro, también han promovido –si bien con un Estado altamente eficiente- un rol estatal más comprometido y estratégico.

No se puede, sin embargo, confundir el ‘Estado Desarrollista’ asiático con el Estado todo poderoso que nos caracterizó durante los 50’s, 60’s y comienzos de los 70’s en Latinoamérica en general y en Chile en particular. Hacer esto seria tan insensato como confundir y/o comparar lo que fue durante esas décadas el ‘Welfare State’ de los países desarrollados con lo que fue ‘Estado de Compromiso’ en el caso de Chile.

Nada mas lejos de la intención de este artículo es promover una copia lineal del modelo asiático, lo cual –dicho sea de paso- sería simplemente imposible por una cuestión cultural. Lo que intento es plantear –encadenadas- dos etapas. La primera apunta a rescatar la forma en que el sector privado y el público han trabajado por el logro de metas de largo de plazo las cuales, promovidas por ‘micro-foundations public policies’, han permitido a los países asiáticos [mas Australia y New Zealand] instalarse dentro del grupo selecto de los países llamados ‘core-innovators’ [concepto que domina el actual paradigma de desarrollo] La segunda etapa apunta hacia un ‘ajuste de los estamentos y sectores del modelo’. Esta implica un ajuste técnico y estratégico de los actores políticos pero especialmente económicos los que tienen la obligación y responsabilidad de ‘modernizarse’ con el fin de un bien común más que uno personal.

(*)
Master of Arts en Economía Política Internacional – Universidad de Tsukuba, Japón
Master of Arts en Estudios Internacionales [c] - Instituto de Estudios Internacionales - Universidad de Chile, Chile.

Monday, October 17, 2005


El Modelo se Defiende



La aparición de un cuarto presidenciable a la carrera por la Moneda a cambiado –al parecer en 180 grados- el cuadro de las próximas elecciones presidenciales. Lo que hasta hace una semana parecía un mero tramite [el triunfo de la concertación en las próximas elecciones presidenciales] ha cambiado súbitamente. Ahora, el panorama aparece –aunque no se acepte abiertamente- más complejo.

Sin embargo, y más allá del hecho, lo interesante es poder entender qué ha llevado a la Derecha a llamar a un ‘jugador’ que ha sido un eterno suplente al equipo ‘titular’. Y además con el ‘logo’ de ser el único capaz de salvar el juego.
La primera razón, ya ha sido latamente comentada. Lavín ha demostrado que no será capaz de disputar –como lo hizo en las últimas elecciones presidenciales- el voto ‘concertacionista’. Especialmente ese de la Democracia Cristina indecisa.
La segunda tesis la elaboró el PS y si bien válida, asume una confabulación entre la Democracia Cristiana y Renovación Nacional: el escenario de otro candidato derechista abriría la posibilidad de unas elecciones-primarias a cuatro bandas y entonces una segunda vuelta.

La tercera interpretación, es que seria una salida digna a un candidato ‘digno’. Levantar a Piñera no solo permitiría –ya sea en primarias o en las elecciones- a Lavín poder salir de la escena política en medio de un sólido juego democrático de la Alianza, sino que además dignamente derrotado. La ‘alianza’ en este sentido –gane o pierda las elecciones- saldría fortalecida.

La cuarta y última razón, sin embargo, está encubierta: la defensa al modelo económico. Lavín –en un intento desesperado por llegar a un universo de votantes distante de su área de influencia- se ha transformado en un peligro al modelo, en una verdadera ‘espina’ al mismo. Lavín habría iniciado un discurso que estaría poniendo en peligro las bases del neo-liberalismo. Una cosa es dar pasos regulados y ‘consensuados’ hacia una nueva ‘agenda/pacto social’ [por ejemplo, el 56 bis y la ley sobre royalties] y otra cosa muy distinta es intentar dar un giro brusco. Piñera, por el contrario, para la Derecha Económica representa una alternativa moderada de continuidad; él representar el éxito del modelo, la capacidad innovadora del mismo y en esencia al emprendedor que utilizando las reglas ha logrado llegar a la cúspide. Imagen que Lavín no proyecta.

Es por esto, que con la aparición de Piñera como candidato, no está en juego el legado autoritario del Pinochetismo en la Alianza, sino que lo que está en juego es el legado Ortodoxo del Modelo Económico.
(*)
Master of Arts en Economía Política Internacional – Universidad de Tsukuba, Japón.
Master of Arts en Estudios Internacionales - Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Chile.

Friday, October 14, 2005


Re-emergencia de la centro- izquierda: ¿respuesta latinoamérica al modelo neo-liberal?

Rodrigo Álvarez Valdés (*)
[This article-opinion was pusblished in La Segunda-Online newspaper on 13/04/05]


Pasados ya 15 años desde la ‘imposición’ del modelo neo-liberal en Latinoamérica, la actual situación política invita a una reflexión sobre lo que parece ser una tendencia indesmentible: la emergencia de fuerzas políticas de centro-izquierda como balance de las políticas económicas neoliberales surgidas en los 90’s.
Primero fue la experiencia asiática del crecimiento guiado por las exportaciones ( 60’s y 70’s ) Luego en los 80’s las experiencias de EE.UU., Inglaterra y Nueva Zelanda. No fue extraño, entonces, que para 1989 se concretara la idea ‘universalista del éxito’ del modelo ‘neo-liberal’. Así, y como el resto del mundo, Latinoamérica en los 90’s no quiso y no pudo estar ajena al cambio.
Los 80’s habían demostrado -en Latinoamérica- que el modelo ‘aislacionista’ había cumplido su ciclo. A diferencia del crecimiento del 6% experimentado entre 1950-80, la ‘década perdida’ ( 1981-89 ) mostraba un discreto PIB del 1,8%. Por el contrario, los 90’s –con el modelo ‘neo-liberal’- fueron testigos de un ‘repunte económico’ que generó un crecimiento promedio de 3,5%. Los nuevos datos demostraron que el nuevo modelo superaba los resultados conseguidos durante los 80’s; pero también mostraron que no se había recuperado el paso de las ‘décadas de oro’ ( 1950-80 )

Además, el nuevo modelo ha demostrado –como había sucedido con el anterior- tener deficiencias. Primero, su vulnerabilidad a los flujos de capital. Segundo, la extremada ínter-conectividad del sistema, lo cual permitía transformar crisis económicas locales en globales ( México 1995, Asia 1997 y Rusia 1998 ) Tercero, el nuevo modelo tampoco resolvió problemas endémicos como educación, salud y distribución del ingreso; finalmente, y a diferencia de lo que había postulado, el modelo destruyó casi por completo la inicial e incipiente industrialización alcanzada entre los 50’s y fines de los 70’s.

Como consecuencia, los países de la región habrían iniciado un proceso de re-lectura del modelo neo-liberal. Señal de esto ha sido el cambio experimentado –desde el fin de los 90’s- en las corrientes políticas que encabezan los gobiernos: Venezuela en 1998 ( Hugo Chávez –Partido Movimiento de la Quinta Republica de tendencia Izquierdista ) , Chile en 1999 ( Ricardo Lagos –del Partido por la Democracia y de tendencia Socialista ) , Brasil en 2003 ( Luiz Inácio Lula Da Silva –del Partido de los Trabajadores y de tendencia Socialista ) , Argentina en 2003 ( Néstor Carlos Kirchner –del Partido Peronista y de tendencia izquierdista ) , Bolivia en 2003 ( Carlos Mesa –reconocido emenerrista y de tendencia izquierdista ) , Paraguay en 2003 ( Nicanor Duarte –del Partido Colorado pero de la tendencia m á s conservadora del partido y ligada a una herencia estatista y populista del Paraguay ) , Ecuador en 2003 ( Lucio Gutiérrez Borbúa –del Partido Sociedad Patriótica del 21 de Enero y de tendencia populista de centro-izquierda] ) y en Uruguay en 2005 ( Tavare Vásquez –del Partido Izquierdista Frente Amplio y de tendencia Socialista ) En México, si bien aún permanece como una incógnita, ya existen voces que vaticinan que en las elecciones presidenciales de 2006 este país estaría girando hacia un gobierno de tendencia izquierdista. Así lo deja ver el avasallador avance del actual Jefe de del Distrito Federal mexicano, Andrés Manuel López Obrador; quien es visto como la alternativa a la actual línea pro libre mercado desarrollada por el Presidente Vicente Fox.

Sin embargo, el proceso no ha estado exento de profundas crisis de carácter social, política y económica. En Venezuela Hugo Chávez llegó al gobierno apoyado por el partido popular ‘Movimiento de la Quinta República’. Desde su arribo al poder , Chávez ha promovido políticas públicas que han intentado reformar áreas sensibles para el sector privado venezolano como para los intereses de las transnacionales (principalmente del sector petrolero y del sector agrario ); y se ha declarado contrario a los planes económicos promovidos por el FMI y el Banco Mundial.

En el caso de Brasil, la llegada en 2003 de Luiz Inácio Lula Da Silva al gobierno ha sido también interpretada como una ‘reacción’ al neoliberalismo. Lula Da Silva, quién recibió el apoyo del ‘Partido de los Trabajadores’, reemplazó a una heterodoxa coalición política integrada por dos partidos de centro-derecha ( Frente Liberal y Partido Laboral Brasilero ) y el partido social-democrático. Para Lula Da Silva, Brasil ha sido expuesto ( por el neoliberalismo ) a recetas económicas desastrosas, las cuales han dañado su capacidad productiva, debilitado la habilidad del estado para regular las fallas de mercado e incrementado su vulnerabilidad a las presiones y crisis internacionales.

En el caso de Argentina el cambio ha sido dramático. Sólo en 2003 con la llegada de Néstor Carlos Kirchner –y luego de un alto costo social, político y económico- la nación ha logrado ordenar y reorientar su modelo de crecimiento económico. Kirchner, desafiando los ‘consejos’ y ‘recomendaciones’ de las instituciones financieras internacionales anunci ó un cambio severo en las bases del modelo de crecimiento económico.

Bolivia, por su parte, está en la disyuntiva de proseguir con su idea de apertura a través de la ‘capitalización’ o dar el paso ( forzado por los intereses y las presiones de las transnacionales ) hacia un estado mas profundo de ‘privatización’. El dilema para el actual presidente de Bolivia Carlos Mesa no es sencillo de resolver. Mesa fue investido como presidente en el convencimiento de que temas tan sensibles como los acuerdos de libre comercio, la ley de hidrocarburos y la re-nacionalización de las empresas consideradas estratégicas ser í an resuel tos a favor de la sociedad boliviana y no en pro de los intereses del modelo neo-liberal.

No queda claro si ha sido una coincidencia, una paradoja o consecuencia del repunte de la economía internacional, no obstante los cambios experimentados en las líneas ideológicas de los distintos gobiernos han coincidido con un repunte en las economías de la región. Argentina creció 8.2% en 2004 , poniendo fin a cuatro años de desaceleración económica ( – 4.9% entre 1999 y 2002 ) Brasil creció un 5,2% en contraste con el moderado 3.4% alcanzado entre 2001 a 2003. Venezuela, por su parte, alcanzó un crecimiento del 18% recuperándose del –9.7% de 2003. Y Uruguay ( quizás empujado por el repunte de Argentina y Brasil ) crec ió un 12% dejando atrás el promedio de –5.4% experimentado entre 1999 y 2002.

Mas allá de los resultados económicos, para Latinoamérica este nuevo escenario es –sin duda- un enigma, desde que aún no esta claro si es que estamos presenciando sólo a una ‘calculada ilusión’ creada por el poder cambiante y amoldable del neo-liberalismo o estamos en presencia de una real ‘nueva centro-izquierda gobernante’ que tiene como su principal objetivo el ‘humanizar’ el ya probado sistema ‘neo-liberal rentista’ o el intentar cambiar totalmente el actual sistema cerrando un ciclo.

(*)
Doctorando en Estudios Políticos. Universidad de Auckland, New Zealand.
Master of Arts in International Political Economy, Universidad de Tsukuba, Japan.
Master of Arts en Estudios Internacionales (c), Universidad de Chile, Chile.

Chile y su Incompleta Transición

La elección -casi totalmente segura, según las encuestas- de un nuevo gobierno de la Concertación extendería por otros cuatro años el fin de la ‘transición’ en nuestro país. En este sentido, claramente, las declaraciones de los gobiernos de Aylwin, Frei y recientemente del Presidente Lagos, todos los cuales de una u otra manera han decretado el fin de este proceso, han evitado conciente o inconscientemente una definición compleja del término y lo han dejado al proceso en un estado ‘limbico’.

Lo que entendemos por ‘transición’ ha sido –en esencia- un discurso político que ha ido y venido en uno y en cada uno de los últimos gobiernos desde la vuelta de la democracia en 1990. Así, gracias a las únicas elecciones plenamente democráticas, abiertas e informadas desde 1989, hemos presenciado la ‘consolidación de la democracia’ pero no necesariamente -con ello- la consolidación del ‘régimen democrático’. En esencia –y parafraseando a O’Donnell- lo que hemos hecho hasta ahora es consolidar lo que se denomina un estado de democracia ‘mínimo’: libertad para formar y ser parte de organizaciones, libertad de expresión, derecho a voto, ser elegible para cargos públicos, derecho de ser elegido como un líder publico, existencia de fuentes alternativas de información y la posibilidad de elecciones libres e informadas.

Hasta ahora la mayor parte del debate ha apuntado a los alcances más conocidos y lógicos sobre el tema, distinguiéndose tres corrientes. En un sector quienes fusionaron el fin de la ‘transición’ con la re-articulación del Estado de Derecho durante el periodo 1990 – 1994. Luego aquellos que confundieron el fin de la ‘transición’ con la nueva vitalidad que demostraba la institucionalidad, la cual había asegurado la continuidad del juego democrático durante el período 1994 – 2000. Y, finalmente, quienes durante el periodo 2000 – 2005 han sostenido que la ‘transición’ ha terminado con la eliminación de los últimos enclaves antidemocráticos y dictatoriales que aún existían y los cuales permitieron hasta hace poco estar aún en presencia de una ‘democradura’ o lo que también se definió como una ‘democracia protegida’ o ‘tutelada’.

En efecto todo estos cambios -durante los quince años de gobiernos de la concertación- son claves y parte importante de lo que podríamos definir como el fin de la ‘transición del poder’ o el fin de la ‘transición de la gobernabilidad’. Estamos presenciando, en consecuencia, el cierre de una etapa que permite sostener en el corto y mediano plazo que no existe posibilidad alguna de un repentino quiebre de nuestra institucionalidad democrática.

Sin embargo, nada más cierto –también- es poder sostener que aún estamos lejos del cierre de la ‘transición’ en una definición más amplia. El concepto complejo de la misma va más allá de la etapa, al parecer, cumplida de traspaso total de ‘poder y gobernabilidad’, y se interna en las áreas aún innavegables de lo que se puede denominar ‘transición secuencial’, la cual incluye una ‘transición’ económica, una etnosocial y una política.

La ‘transición económica’ [o redistribución económica] apunta a la posibilidad de otorgar igual posibilidad de beneficios a la sociedad gracias a los bienes y servicios producidos por ella misma: riqueza, ingresos, educación, salud, vivienda, tiempo libre, autonomía, prestigio y auto-desarrollo. La ‘transición etnosocial’ [o redistribución de representatividad] comprende el desarrollo de la sociedad civil, y donde la creación de alternativas ideológicas-políticas y el reconocimiento de minorías étnicas y sexuales tiene un rol central.

La ‘transición política’ -sea difícil o no aceptar- implica necesariamente, a lo menos por un período, la ‘alternancia en el poder’. No me refiero a la idea de la ‘alternancia del poder’ en su forma minimalista la cual, de acuerdo a algunos sectores, postula una lectura reduccionista de una vez tú y una vez yo en el poder. Tampoco me refiero a la idea de la ‘alternancia del poder’ como una herramienta política la cual apunta a evitar y/o contener la corrupción. En sí mismo, lo que esta en juego con un proceso de ‘alternancia en el poder’ es, en el caso chileno, el fin de la ‘transición política’. Desde esta perspectiva la institucionalidad democrática desarrollada desde 1990 debería demostrar su fortaleza soportando un cambio total, tanto ideológico como ético, de la estructura de poder.

Si bien comparto la tesis de que un periodo ‘transitivo’ activa estados de creatividad, también sostengo que la ‘transición’ no puede ser vista como un fin en sí misma o ser perpetuada ‘per se’ desde que un estado ‘transitivo’ permanente tiende a profundizar las divisiones y eliminar en el mediano y largo plazo la creatividad.

Es precisamente esto último lo que ha llevado a los tres gobiernos de la concertación ha declarar el fin de la ‘transición’ desde tres perspectivas distintas.

(*)
Master of Arts en Economía Política Internacional – Universidad de Tsukuba [Japón]
Master of Arts en Estudios Internacionales (c) - Instituto de Estudios Internacionales - Universidda de Chile [Chile]